viernes, 31 de enero de 2014

La libertad como punto de partida


No existe mayor felicidad que tener libertad para hacer lo que nos venga en gana. Levantarnos por las mañanas y no tener una agenda establecida o un horario que nos limite. Muchos ya saben que el oficio de fotógrafo te permite esto y mucho más. Si bien hay diferencias notables entre hacer fotografías y crearlas, ahora mismo no las vamos a explicar. Está claro lo que eso significa.


Tener una idea, elegir un tema, decidir cómo y cuando quieres hacer una u otra cosa. Todo esto suena fantástico. Solemos confundir en no pocas ocasiones libertad con anarquía y lograr discernir sus significados para adaptarlos al oficio fotográfico es lo que define la profesionalización.  Si carecemos de lo fundamental para realizar las tareas que nos planteamos, nada de lo que hagamos tendrá la relevancia esencial que necesitamos para prevalecer y/o permanecer en los medios adonde dirijamos nuestros esfuerzos. Y para que esto hacen falta dos elementos, uno aprendido y el otro sensorial: disciplina y pasión. Si no los tenemos, apaga las luces y corre hacia la nada. Si soltamos los zorros en el bosque tienes que seguirlos y saber a dónde van.

Los 9 trabajos reunidos en este número especial dedicado a la LIBERTAD y al ser LIBRE tienen lo básico para entender las diferencias entre el oficio y el impulso efímero que invade esta actualidad invasiva de redes y engaños.

¿Cuantas veces nos hemos parado frente a un edificio y automáticamente nuestra imaginación se pregunta cómo serán los espacios que lo conforman? La fotógrafa mexicana Elizabeth Vinck, con su propuesta Condominio, entra en un edificio cualquiera de la súper poblada Ciudad de México. Disecciona milimétricamente espacios de personas anónimas que acomodan sus entornos libremente, mezclando la necesidad con la personalidad. Muestra las entrañas de una privacidad que de forma natural, genera morbo por lo íntimo. Más allá de la simpleza que esto suscita, el trabajo de Elizabeth lleva a pensar en el territorio que se hace nuestro por el tiempo que lo usemos, que algún día dejará de serlo, y que nos convierte en nómadas sin saber siquiera que lo somos.

El venezolano José Ramírez y su trabajo Reflexión sobre el horizonte, invita a pasear por sus paisajes llenos de paz y de oportunidades. El fotógrafo sabe que tiene la posibilidad de no tener que ir a un siquiatra a expresar sus penas. El visor de su cámara fotográfica es el enlace entre lo que vemos y lo que deseamos ver. Hay que tener mucha madurez técnica y mucha paciencia para diferenciar estas dualidades y llevarlas al instante que permitirá al fotógrafo reconstruir esa sensación previa al momento de dar click a la máquina.
Es sencillo identificarse con el trabajo de Ramírez aún sin ser fotógrafos. La naturaleza, en este caso expresada en blanco y negro por elección personal y libre de Ramírez, es la entrada hacia ese “yo estuve ahí”, único y personal, que lo transporta sin escalas a los olores, al clima, a la desazón, a la alegría, a la idea inacabada o a la culminación de la misma. Terminar y mirar hacia adelante, esa es la terapia. No es un secreto que todo horizonte, de cualquier color y mirado desde donde sea, nos lleva muy cerca de lo que se conoce como meditación, y hacia el encuentro con uno mismo.

El fotógrafo chileno Nicolás Sáez, con su trabajo Ruido Blanco, hace una metáfora sarcástica de lo que se ha convertido la sociedad actual: seres autómatas embobados frente a pantallas de todos los tamaños. Sobran televisores en todos los espacios. Sobran relaciones formadas a través de plasmas.  Sobran millones de minutos pasados mirando hacia ellas.  Sáez nos recuerda que el ruido que genera un televisor sin voz es un sonido que hipnotiza, que paraliza y que nos separa de la realidad. Como si de repente salieran de allí los monstruos que se albergan en cada uno de nosotros.

Alma es Felipe, y Felipe ya no es Felipe, es Alma.  Y si algo Alma sabe es que para lograr ser libre hay que sufrir. El alma de Alma vivió prisionera durante mucho tiempo en el cuerpo de Felipe hasta que un día decide buscar su liberación. La fotógrafa argentina Mariana Bellone la persigue, se mete donde quizá Alma no quería que se metiera. No hay que adivinar que para llegar a esa intimidad tuvo que insistir demasiado. Tuvo paciencia. Mariana acierta  destapando la cruda realidad de una búsqueda por encontrar un sitio en el mundo casi como una road movie. Sus fotografías tienen la suciedad de lo que Alma vive y persigue. No hay encuadres artísticos inverosímiles, ni rebuscadas imágenes contemporáneas. En este ensayo, parece que Alma tomó la cámara y se fotografió a si misma, exponiendo lo desgarrado y difícil de su camino.  Sin filtros, Bellone se convierte así en el enlace entre historia y realidad perfecto para demostrar que el oficio de fotógrafo está lleno de satisfacciones. Mariana le da a Alma una identidad, le facilita un documento de pertenencia en el planeta.

Un cubo que antes tenía líquidos o alimentos es en lo que se fijó  Marienna García en una de las cárceles venezolanas más peligrosas de ese país. Pudo presentarnos lo que incansablemente han hecho fotógrafos de todas partes del mundo: la violencia y el infierno de una cárcel latinoamericana y para más inri, venezolana. Pero no. Su curiosidad la llevo a indagar acerca de estos recipientes y se topó con una realidad diferente a lo que estamos acostumbrados a ver de estos pequeños infiernos. Diferente pero no exenta de una carga de desarraigo y tensión: 5 galones es el tamaño o la medida de la libertad de un preso. Allí guardan lo único que les puede otorgar una normalidad dentro de esa imperfección de vida a la que se sometieron: un cepillo y crema de dientes, algo de ropa, una pastilla de jabón, cigarrillos o comida. Todo aquello que se pueda compactar al máximo posible. 5 galones es lo más cercano que tienen de ser algo dentro de la nada.

Luisa Dörr, en sus noches de insomnio, se sumerge en las calles de una Sao Paulo desierta y oscura. Llama a sus amigos para retratarlos y teatralizarlos como los ángeles (o demonios) que se alojan en su realidad, y que sólo encuentra en las noches, estadio del día en el cual muchos de nosotros ( y sus amigos) estamos  más a gusto para expresar y desarrollar estados de creatividad.  Al amparo de la noche y de la soledad de las calles, Dörr se siente más libre de retratar a gusto a sus personajes, que ya son libres per se antes de ser fotografiados. Quizá sean estas personas las que Luisa ha visto por años, deambulando por calles desiertas latinoamericanas y en la intimidad de un cuarto de baño o el salón de su casa en esas noches interminables donde todo quizá tiene más sentido.

Llevando los contraluces al máximo,  el mexicano Gustavo Ruiz Lizárraga trata de abstraerse buscando en las esquinas de cualquier ciudad latinoamericana imágenes construidas por su imaginación. Lo logra. En sus fotografías, los transeúntes se quedan paralizados como si posaran, en una suerte de pintura realista y los edificios parecen maquetas que él mismo puso allí. Sin llegar a ser influenciado por el pictorialismo más básico, Lizárraga utiliza los elementos de la digitalización y post producción a su favor para recrear aquello que le conviene crear. Pero no, todo lo que está es lo que es y no hay añadiduras ni eliminados. Aún así, nuestra percepción es engamucho orden, de mucha auto. Turas ni eliminados.ñada sutilmente. Si hay algo claro en su trabajo es que para verlo y entenderlo es mejor hacerlo en completo silencio.

La fotógrafa chilena Marcela Bruna, nos descubre una realidad de su país desde una perspectiva muy original y sarcástica. De un asunto local que afecta a sus jóvenes: la educación universitaria es de las más caras del mundo. Marcela encuentra una forma de hacer protesta dándole protagonismo a personas anónimas  colocando una paleta de números con el precio que pagan por ser libres, el cual –imaginamos- va disminuyendo a medida que pasan los días, los meses, los años. Las miradas intensas, cándidas y sorprendidas de sus estudiantes, recluidos en esa cárcel ficticia que son los créditos bancarios, llevan a la reflexión de lo costoso que es poder formarse en libertad. Mientras estén condenados a pagar la deuda serán libres de poder estudiar y hacer lo que les plazca dentro de las normas del sistema, y hasta que no terminen de pagarla no serán libres para seguir su camino y enrolarse en el mismo.

Fernando Montiel Klimt ironiza sobre la gloria divina de la serenidad que todos buscamos y que el mundo globalizado que gira veloz, nos ha quitado.  Klimt crea su versión propia del Nirvana, fotografiando a sus amigos y a los que van pasando por su vida, pintando para cada uno un espacio de alegría y sosiego ficticio. Los inserta en un paraíso artificial que no es otro que el mismo de los protagonistas, llevándolos a un estado de beatitud máxima. Fernando nos recuerda que el hogar es nuestro templo de paz y tranquilidad. Sin duda el mejor lugar para crear y concebir. Es donde liberamos las cargas del frenesí exasperado que se encuentra más allá de nuestros territorios.  Da igual en qué ciudad vivas, Ciudad de México, Buenos Aires o Caracas:  en el hogar nos dejamos ver sin filtros, sin trampas.


Todos los trabajos que se agrupan en esta edición de LAT Photo Magazine simbolizan el concepto básico de energía de los autores a la hora de decidir hacer una historia.
Sin embargo, algunos de los conceptos emitidos por los fotógrafos/as en los textos que explican sus propuestas, están llenos de metaforismos innecesarios que en ocasiones lo que hacen es embarullar las imágenes y no dejarlas vivir por cuenta propia, quitándoles independencia. Lo simple solo se puede explicar de manera sencilla.

 LAT Photo Magazine con este número 4 cumple un año. Crece y se mantiene latente. Seguimos apostando por el talento latinoamericano y por las historias locales. En estos tiempos tan plagados de histerismos mediáticos y fotografías que se pierden en los timelines de las redes egocéntricas asumidas como necesarias, LAT Photo Magazine se arriesga por el trabajo concreto y disciplinado, certero y desafiante. El oficio fotográfico necesita en la actualidad de mucho orden, de mucha introspección objetiva; ya sea con un teléfono móvil o con una cámara de miles de dólares.
Podemos conformarnos, pero eso es lo que debemos evitar. No pasar por el aro del conveniente y seguro mainstream. Para dedicarse a la fotografía hay que dejar de jugar a ser fotógrafos. Hay que buscar lo que no se nos ha perdido. Y cuando llegan los reconocimientos, debes obligarte a trabajar mucho más duro y a no descansar jamás.
La cima no debería ser la meta, el secreto es escalar, en el camino tropezar, caerse, levantarse y de nuevo ajustar las cuerdas, manteniéndolas tensas todo el tiempo. Ser uno mismo, eso es lo que realmente hace la diferencia y si en ocasiones perturba a los demás es que lo estás haciendo bien.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Reyes




1.
Pertenezco a una generación que tuvo la suerte de vivir la gran época del rock venezolano de los años 80 y parte de los 90 encabezada por la banda Sentimiento Muerto. Después de eso, poco me interesó lo que se hacía. Últimamente y ayudado por el hecho de que paso demasiado tiempo en mi auto (porque me ocupo, no porque me guste estar conduciendo)  he redescubierto el placer de escuchar la radio. Mis queridas Mamarock, Gloria y Krys me devolvieron el placer por las ondas hertzianas perdido por allá no sé dónde. Cosa que me ayuda cuando estoy metido en el tráfico a olvidarme de donde estoy. Estoy aprendiendo a oír de nuevo, a no tener el impulso de apagar antes de dejar que las canciones rueden completas. Y sí, hay un nuevo rock hecho en Venezuela que está muy bien. Existen cosas geniales, cosas fabulosas y mierdas incomprensibles.

2.
Soy un rocker empedernido. Las guitarras, los gritos, el desgarro y los beats potentes de las baterías son mi caldo de cultivo desde la infancia. Me gustan los malos/as, los/las outsiders, los auténticos/as, los que se meten en problemas por decir lo que piensan y se empeñan en ser humanos con un don y con una genialidad. Aquellos y aquellas que se manejan en sus propios términos son los más inspiradores. Desde que viera un poster de Jim Morrison, Los Beatles y Kiss en la tienda de discos de mi padre ( Disco Pop en la avenida 20 con 28 en Barquisimeto) tuve curiosidad por lo que había detrás de esos aparentemente buenos niños con peinados de buenos niños, de la mirada intensa de un loco y del maquillaje de unos carajos que me daban miedo. Y como niño que era, primero los ponía en el pequeño tocadiscos de nuestra casa, siempre curioso por lo que saldría de esa conexión entre aguja y líneas de un círculo brillante ( fascinación todavía latente ¿no?) y siempre después de ese acto mágico, independientemente de si me gustaba o no lo que emanaba de esa conexión,  tomaba el acetato y lo tiraba contra la pared. Si, como un freesbe. Podía tener a disposición una enorme cantidad de discos ya que el depósito estaba en el cuarto de los trastes que todo el mundo tiene en su casa. Ese era una de los juegos entre mi hermano y yo: lanzar discos de 45 contra la pared y maravillarnos con la explosión del plástico. Que me perdonen los puristas, ¡pero es que había un montón y era demasiado divertido!
Teníamos 7 u 8 años y ya éramos rockeros rompiendo el rock.

3.
Hace pocos días fui a un concierto de alguien que desconocía por completo. Que si fue miembro de Claroscuro, de Chuck Norris y Joystick. Bandas que jamás he escuchado.
Carlos Reyes tiene un proyecto nuevo que se llama así: Reyes. No asistí muy convencido a su concierto por esa mala y negativa idea preconcebida de que “si no lo conozco para qué voy a ir a escucharlo”. Y me di con una patada en las narices de lo idiota que puede ser uno por tener esa preconcepción que señalé antes. Carlos es un chico sin pretensiones de estrella rock, que hace un rock auténtico, que toca las fibras ( al menos las mías) y de su guitarra se van notas de fuego, acordes de cristal rasgado que pueden sonar como un coro de ángeles enamorados vestidos de negro. Fuimos sus siquiatras por una hora. A través de sus letras es obvio que no hace lo que hace para nadie excepto para él. Nos dijo, toma lo que necesites: amor, pasión, locura, cariño, melancolía, oscuridad, rutina, tristeza. Exorciza y sigue adelante. Carlos refleja mucha intensidad. Si es así o no, guarever. Es un tipo que se baja de la tarima y se va a comer un pepito de carne en la calle con todo el arsenal de salsas, al mismo tiempo te cuenta como llegó a componer el riff de uno de sus temas más difíciles y después la voz se le endulza cuando habla del amor que siente por su querida Belisa…bueno, ahí es cuando el silencio se apodera del planeta.
Es agradable descubrir a gente que es creadora en su territorio y lo saca a la luz. Con el riesgo que eso conlleva, el de mostrar demasiado de uno mismo. Artistas que se inspiran en las menudencias de la cruda, oscura y brillante vida cotidiana, que encuentran belleza en el caos, y caos en la belleza, que te dicen “soy sensible” y no les importa si estarás de su lado. Si lo estás bienvenido, y si no, pues también. 
Carlos es una persona que te dice “esto es lo que hay, esto es lo que soy”. 
Es uno de esos pocos genios sin fachadas.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Cárcel y Felicidad


1.
Si, ahora vivo en algo parecido a una cárcel. La sensación es deprimente y angustiante. Un país entero con barrotes: sicológicos, económicos, políticos.
Me voy un mes y aquí cambió todo. Tampoco es que antes de irme las cosas estaban bien. A ver, ahora si parece que se está yendo todo a la mierda. Los precios se triplicaron en todos los aspectos. Cuando sales de hacer la compra en el super piensas con miedo si voy a poder hacer la siguiente y es que cuando ves la bolsa con tres pendejadas y luego recuerdas la cifra, y es ridícula. Y con todo es igual, la sensación de que todo se te escapa de las manos es terrorífica.
Por eso lo de la cárcel. Como Cuba, donde comprar un pasaje para salir del país cuesta años de trabajo para cualquiera y si lo consiguen luego deben sortear la burocracia para que les den permiso y viajar. Pues aquí lo mismo. Ya entramos en esa ruleta de la suerte para ver si podemos o no conseguir los miles de miles de bolívares que cuesta un billete de avión para simplemente salir de viaje a lo que te dé la gana.

2.
En ese mes de ausencia, los chiflados que supuestamente dirigen este país van y crean un Viceministerio de la Suprema Felicidad (no le veo el sentido al ”Vice”, en fin, me da igual) y te preguntas si estás en un capítulo orweliano o en un país de verdad. Ahora resulta que los pobres son infelices, creía que no. Que el dinero no daba la felicidad, que eso era malo y ahora dicen que sí. Pensaba también erróneamente que los discapacitados y los ancianos eran felices, a su manera de vida obviamente. A este núcleo de personas, entre otros que aún no están definidos, iría dirigido el recién creado organismo, para ayudarlos a superar sus adversidades. Y digo yo. ¿un gobierno como gobierno tal y como está armado y conjugado y desarrollado y formado no debe hacer esto sin la necesidad de crear un puto ministerio de mierda con nombre de comic?
Existe algo en el trasfondo de todo esto que no sé si alguien ha evaluado. Esto es: si un gobierno crea un viceministerio para la suprema felicidad ¿quiere decir que los habitantes de ese país no somos felices? ¿qué a la felicidad solamente  se accederá  a través de un papeleo burocrático?  ¿cómo se medirá el rango de felicidad e infelicidad para aplicar? ¿no tendremos todos los habitantes de este país el derecho de ser felices en nuestras propias individualidades? En fin, me agoto, podría estar todo un día escudriñando a la estupidez y de seguro me ganaría. No se puede más.
La creación de semejante mamarrachez genera un sinfín de imaginaciones sarcásticas, irónicas y delirantes que ya mucha gente ha expresado a través del humor; una demostración de que en este país aunque tengamos un montón de razones para no ser felices, nos reímos de las payasadas generadas por quiénsabequiéncoñoseleocurresemejantedelirio  Y eso, supongo que también es ser feliz.

3.
Aquí estoy pues, escribiendo de política ( o de la problemática que crea la política) De los problemas que pasan en mi país. La verdad es que me deprime espantosamente ver que los que dirigen el país son los muñecos de los teletubbies y me asombra la capacidad que tienen de creerse lo que dicen: me quito el sombrero ante ese gigantesco cinismo puro y esencial.
Evidentemente todo esto crea una desazón enorme en mi alma. Me pregunto si habrá gente que piensa lo mismo que yo. En fin, quizá escribir estas líneas me haga sentir mejor, peor o GUAREVER. Que pereza. Y  digo como siempre, ¿a quién coño le importa?

sábado, 2 de noviembre de 2013

A quién le importa


1-
Tengo ganas de decir muchas groserías. Aquí solo puedo llegar a escribirlas: coño, puta mierda, joder, coñodesumadre, la puta que lo parió, me cago en la leche, mierda de los cojones, me cago en la puta, coño, coño, joder, joder, joder...y vuelta a empezar. ¿La razón? Obvio hay muchas. Da igual. Quiero decir, escribir groserías. Estoy en un mood muy filoso. A todas estas, ¿a quién coño le importa? A veces me importa un poco, a veces me importa una mierda, a veces me importa demasiado.
Son las 7 de la mañana y estoy en Caracas, en el aeropuerto. Hace unas horas estaba durmiendo en el suelo. Y sin saber cómo coño ha sido. Dormí como un bebé de 3 meses durante dos horas seguidas utilizando como almohada una bolsa que rellené con mi ropa. Todo esto mientras sujetaba mi mochila de la vida (cámaras, etc) con un brazo y ponía una pierna sobre la maleta. Por aquello de que no vaya a ser que me roben. ¡Y mira tú que suerte he tenido! Todo estaba en su sitio cuando desperté. Hasta tuve que poner la alarma del móvil. Cuando me levanté aún seguía con la pesadumbre de horas de vuelo y cansancio acumulado. Miro a mi alrededor y me doy cuenta que tengo un montón de vecinos con los que compartí el mismo piso frío y desnivelado de nuestro magnífico aeropuerto nacional. Todos nos estiramos y casi nos dimos los buenos días como compañeros de cama. Como no tenía que vestirme, salí cagando leches a facturar para el regreso a mi pueblo, a la base. Al menos hay una base, eso creo. Son en mi reloj las 5 y 20 de la madrugada ( luego resultaría que tenía la hora de Miami que es media hora de más y hasta ese día por la tarde ni me percaté, ay que feliz parece que soy)
A esa hora que yo no sabía que no era la hora, ya hay una mega fila de personas histéricamente pasivas, trasnochadas y de mal humor esperando hacer check in. La energía que se palpa en el ambiente es negativa y muy pesada, creo que casi la puedo tocar con las manos. Allí estamos, todos con el mismo sentimiento de miedo de no perder el vuelo, de que no haya problemas con el boleto y que ninguno de los aviones esté retrasado. Esto último obviamente es tan seguro que ya nadie protesta. En este país la gente está tan acostumbrada a esperar y esperar y esperar y esperar por cualquier cosa, que la paciencia ya no es paciencia. Es una virtud añadida a nuestro gentilicio, como lo de las mujeres lindas y las playas espectaculares. Ya no es un issue. 

2-
Desde hace unos meses mis boletos tienen una extraña cartografía ridícula: de Caracas salgo para Panamá, luego voy a México y a las dos semanas termino en el cuarto de los sospechosos del aeropuerto de Atlanta para al día siguiente amanecer en Rio de Janeiro. Y no sé lo que es dormir. Mis preocupaciones son llegar a tiempo a las puertas de embarque, ver si hay alguna wifi disponible para dejar por ahí mensajes de que estoy vivo ( todavía sigo creyendo que a alguien le importa) y dormir donde me pille. Ya ni me interesan los tiempos de vuelo. Me entero cuando el capitán echa el cuento. Pero antes, siempre me repito optimista "dormiré en el avión". Iluso de mi. 
En el futuro me va a gustar recordar esta época de rock star sin tener ni la guitarra, ni las baquetas, ni mucho menos la voz para estar en una banda. Aunque lo más parecido a un grupo de rock es lo que tenemos en "Cocina para luchadores" : un cocinero que toca la guitarra y canta, un editor que sólo viste camisas grunge, un diseñador zen que oye música extraña y que usa chalecos estilo Marty McFly, un director de cine que un día puede ser un robot humanoide que solo hace gestos con la cabeza y otro día habla unas palabras y sigue siendo un robot humanoide que solo hace gestos con la cabeza, y un servidor, frenéticamente histérico queriendo tener el control de todo cuando tener el control de todo es una mierda que a veces no sirve para nada. Nuestra habitación, esa sí que tenía la pinta de ser de una estrella de rock: vasos vacíos y llenos, botellas de vino y de tequila y de mezcal, ceniceros repletos de colillas, ropa tirada, papeles, etc. Cada día cambiaba y era como hacer arte. Nuestra ama de llaves nos miraba con mezcla de extrañeza y respeto. Nos faltó tirar la tele por la ventana. Si, antes de España estuvo México. Pero ese es otro cuento más largo y que merece un apartado más extenso. 

3- 
Miro atrás, no tanto, solo 4 días y no sé cómo estoy de pie. Dormir, dormir, dormir…no me acuerdo. Algo en un avión, quizá desde Madrid a Miami, no sé…. O tal vez en el de Santiago a Madrid, puede. Pero creo que fue en el de Miami a Caracas, no, en ese no: mi vecino era tan grande que invadía mi espacio torpemente dándome codazos todo el tiempo. Y digo, mierda, si que soy drama queen, ¿no acabas de decir en el párrafo 1 que dormiste dos horas como un bebé en el suelo? Deja de llorar idiota. 
Hace 4 días también estaba haciendo mi primer tweet y no sé si la tierra tembló pero yo no sentí nada. Me aburre el twitter, qué le voy a hacer. Hace dos días murió Lou Reed y la tierra si que cambió. Perdimos (perdí) a un inspirador, a un pensador, a un escritor de historias fascinantes de vidas honestas, crueles, duras, dulces, amargas, alegres, tristes, irónicas, sarcásticas…en fin, como es la vida, sin manipulaciones electrónicas. El planeta siguió girando. Me imaginé el cuerpo inerte de Lou en una sala fría de alguna morgue neoyorkina y sentí un escalofrío y un vértigo incrédulo como si lo mirase en vivo y directo. No te crees que alguien con tanta vida interior desaparezca. Bye Lou, thanks Lou. 

4- 
Caracas-México-Madrid-Santiago-Madrid-Miami-Caracas-Barquisimeto. 
Aquí está otro de esos boletos “locos” que hasta el inspector de Cadivi ( un organismo venezolano que regula si te dan o no unos pocos dólares a precio preferencial) que le tocó mi caso seguramente ni lo entendió porque me negaron los putos dólares. 
Desenfocado en el aeropuerto de Santiago de Compostela. Viene el regreso y es cuando debo estar alerta de no perder el avión de vuelta a Madrid, donde después de unas pocas horas arañadas al sueño, vuelva a tomar otro hasta Miami. Muchas horas turbulentas después y mientras escucho a Lou, a Stephen y a Trent estoy espatarrado en una silla del aeropuerto de Miami, esperando para embutirme de nuevo en otro asiento diminuto e incómodo y volver a la anarquía, para volver al “sálvese quien pueda, cuídate el culo tu solito que nadie te lo va a cuidar” ¿Cuál es la anarquía? Tiene nombre de país: Venezuela. Recuerdo una reflexión posterior de un viaje a Ecuador que hice hace unos años donde aseguraba a unos amigos que “si algo no se jode todos los días en ese país, es por pura suerte” Bueno, algo más repotenciado, insuflado y explotado pasa en “un país que sería el mejor país del mundo para vivir si no fuera por…(yo pongo GUAREVER)” en palabras del vecino que no me dio paz entre Miami y Caracas. 

5- 
Amada Venezuela. ¡Cuanta suerte! Si no se cae un avión nacional -donde parece que las ventanas van abiertas y te preguntas por los mantenimientos de los mismos y mejor déjalo así no pienses más- es por pura suerte, si te roban y no te matan, es por pura suerte, si te roban y te perdonan la vida, es por pura suerte, si haces alguna gestión gubernamental en un ministerio o equis oficina del estado y sale rápido, es por pura suerte, y si sale en 5 horas y no en 7, ¡uf que suerte!; si en un banco alguien te atiende con una sonrisa es por pura suerte, si dejas la cartera olvidada y milagrosamente la recuperas con todo lo que hay en su interior, es muuuuucha suerte, si la recuperas con tu documento de identidad, eso sí que es una suerte, y así, podría estar escribiendo infinitamente de la suerte que tenemos los venezolanos de vivir en Venezuela. 
Por eso quiero decir groserías. Las pienso en modo grito y las escribo: coño, puta mierda, joder, coñodesumadre, la puta que lo parió, me cago en la leche, mierda de los cojones, me cago en la puta, coño, coño, joder, joder, joder...y vuelta a empezar. 
Desde hace mucho tiempo siempre he pensado que vivo en el país equivocado. No me quejo, para nada. Siempre me voy, me fui y me iré. Pero siempre regresaré y estaré. Supongo que el universo se encargó de dejar mi polvo en esta latitud por alguna razón y a estas alturas ya sé justamente el porqué. Y resulta que es el país que amo. Donde quiero estar. Si llegaste hasta aquí habrás visto que estoy un “poquito” harto. No soy el único que está asqueado de ver personas estúpidas dirigir a un país como si fuera una broma. Y sobre todo estoy cansado de aceptar que haya personas que piensen distinto a mi, y que ellos no me dejen pensar lo que me dé la puta gana. Esto vale para cualquier lugar. Llevo rato cansado la verdad, que cansancio me da. También pienso: ¿a quién le importa? 
Hay una canción del querido Lou que finaliza con una frase lapidaria. Era el sentimiento que tenía hacia los políticos y sobre todo hacia la estupidez. Traducida al español viene a ser algo como “menos mal que tenemos una palabra para gente así: ey mother fucker! 
Y yo añado: a tomar por culo.

viernes, 25 de enero de 2013

Incubando LAT Photo Magazine. Primera revista online de fotografía documental contemporánea exclusivamente con trabajos de fotógrafos latinoaméricanos sobre temas latinoaméricanos. Lanzamiento: primer trimestre del año 13 del siglo 21. facebook.com/latmagazine

viernes, 18 de enero de 2013

Cien años de soledad no pasan en vano


Un macondo

Hoy, el camino entre Santa Marta y Aracataca es una pequeña carretera por donde pasan enormes camiones repletos de carbón, mineral que sostiene ahora la economía de esta tierra, y que van a descargar en un muelle en la costa. Se intercambian el asfalto y la tierra.
La piel se impregna de un polvo que no admite sacudidas. Los conductores no respetan las normas, la intuición guía cuando se trata de adelantar una curva sin visibilidad y a toda velocidad.
De a ratos aparecen, dispersas, las amarillas, fuertes y rugosas hojas del Macondo, árbol que inunda la vía y escasea una vez se llega al pueblo. Sin embargo, no es de ahí de donde viene el nombre del pueblo más famoso y ficticio de latinoamérica.
Es cuando Gabriel García Márquez acompaña a su madre en un viaje interminable por tren a vender la casa materna, por la ventana, el joven escritor ve el nombre de una finca llamada Macondo. Sin saberlo aún, habría de empezar la aventura el “quijote” latinoamericano.


La línea interminable del tren

Hacia 1910 la United Fruit and Company levantó un campamento de gringos,trabajadores incansables con intermitentes esposas. Época de derroche. La explotación del banano atrajo a muchedumbres. Las mujeres bailaban desnudas para los magnates que encendían sus cigarros con billetes de alta denominación. Manadas de aventureros y prostitutas aparcaron porciones de esperanza donde otros ataron sus mulas. Aracataca, fue entonces paraje cosmopolita, receptor diario de nuevas caras, con sus billetes combustibles. El pueblo se ubicó en el mapa del mundo. Los suspiros de los ancianos son la única huella de ese momento.


Plantaciones de banano


Juegos en la noche 1

La percepción del tiempo se vuelve difusa. Se mantienen, llenos de lo que parece un halo de "paralización del tiempo",billares estruendosos, bares, y tarantines de comidas variadas, desde el marisco hasta la carne muy llena de grasa. Sobrevivieron a las balas de los paramilitares del último lustro, los días de un muerto al día. Fueron 10 años. El vallenato se escucha cuando los sentidos se despejan. Rap, merengue y salsa se identifican sólo después que una cerveza helada hace su trabajo. Los hombres mueven los labios, parecen conversar. El sopor pone en duda todo lo que la vista consigue.


La habitación de una puta triste


El cine


Tiempos pasados

“Aracataca es un pueblo mágico, el que se baña en el río se queda, sus aguas son frescas y tienen la magia de la paz y la tranquilidad, de no hacer casi nada” se escucha. Cuesta contradecir con fuerza la propuesta del "cataquero": “quédese mijo”. El baño en el río fue sustituido por una ducha, procurada con el mejor intento de una sucesión veloz de “totumas” llenas de agua templada, al menos cinco veces al día de los cinco invertidos en la tierra natal del Nobel de la Literatura, Gabriel García Márquez.


El Peluquero de Macondo


Río con piedras como huevos gigantes prehistóricos


El calor de las 2

La buena hora

Mi llegada a Aracataca coincide un tanto con aquel pasaje de madre e hija atravesando las calles desiertas y ardientes de Macondo en el sopor de la hora de la siesta de un martes caminando hacia el cementerio del pueblo.
Llego a un miércoles a poco mas de la mitad del día, la gente está encerrada, el sol es un castigo en las partes de mi cuerpo expuestas a él. El ladrido de unos perros raquíticos rompe el sopor de la hora de la siesta. Ladran de puro aburrimiento.
Los "cataqueros", permanecen enclaustrados. El sol determina la dinámica de cuanto ocurre aquí. La humedad es asfixiante y el calor no me deja pensar: marcará todos mis movimientos el resto de mis días. Todo huele y se mueve por el calor, pegajoso, ardiente, aceitoso, ajusticiante.


Cementerio 1


Cementerio 2

"En aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar...”

Un chaparrón de gotas gruesas convierte en charco las polvorientas calles de Aracataca. Un espejismo de frescura, el calor sigue sofocante. El vapor y los mosquitos duplican su intensidad ¿o la triplican? La piel inicia una nueva jornada de calvario. El sonido del tren cada media hora distrae. Mueve la tierra lo suficiente para sacar fuerzas y correr hasta lograr verlo de frente. Kilómetros de estructura de hierro pasan a una velocidad distinta a la que tiene el pueblo.
Un túnel del tiempo, es el pensamiento natural, hasta los clichés se automatizan.
El tren no lleva gente, sólo carga. La única presencia humana son los vigilantes de la estación. Las taquillas y los bancos de cemento de la sala de espera están vacios.


La estación del tren

Una empanaditas criollas de yuca con queso en el mercado lleno de moscas fastidiosas hacen aparecer a Nora, cocinera experta de “mondongos”. Mientras desayuno, llega un chico medio amanerado con aretes en las orejas. Nora lo escruta y hace un gesto de desaprobación cariñoso “Antes las mujeres querían vestirse como hombres y ahora los hombres quieren parecerse a las mujeres, el mundo al revés da vueltas demasiado rápido” Cualquier cosa es tema de conversación en este pueblo. Y el agua. “¿Cuando en nuestros tiempos se iba a pensar que el agua iba a comprarse?” El agua no es potable en Aracataca pero están acostumbrados a beberla del grifo, haciéndose inmunes a cualquier enfermedad.


El tren amarillo

Pasarla bien

La plaza del pueblo es el lugar preferido por los "cataqueros" para “pasarlo bien": significa tomarse unas cervezas, y pasear por toda la plaza para ver “quién está por ahí”. Hablar y dejarse ver, esa es la diversión.


Juegos en la noche 2


Juegos en la noche 3

Los sábados por la noche , además de pasear y "farandulear" hay noche de gallos. Los dueños y dueñas de los animales, llenos de vida y color llegan poco a poco y meten a las aves en jaulas. Cacarean nerviosos y están pulcramente afeitados y sus plumas aceitadas. Los pesan repetidas veces pareciendo no estar seguros de estar en la regularidad de los pesos requeridos para las peleas.
Después de varios minutos llega la primera pelea, los trabajadores de la gallera colocan espuelas afiladas de acero en las patas de los gallos con cera caliente. Los ejemplares son presentados y el griterío, entre los que se cuelan alaridos femeninos, comienza. No entiendo nada, solo veo a dos pequeñísimos animales que se odian a muerte y que se picotean y se espuelean violentamente, pasan 2 minutos y uno de los gallos cae emanando sangre por el pico, ya tenemos ganador.


Pelea de gallos

La segunda pelea se viene más deprisa y el mismo dueño del gallo anterior envalentonado porque ya ha ganado una, pone a otro a pelear. Lo mismo, gente gritando sus apuestas (que van desde los 20 euros a los 2.000 euros)
Empieza la sangría, uno de los gallos tiene sometido al otro, y éste se escapa y salta entre el público, lo vuelven a meter al ruedo y sigue huyendo. El dueño del gallo huidizo se levanta, lo agarra y con una furia tremenda golpea su pequeña cabeza contra el suelo matándolo en el acto. La hombría del dueño se mide con la fuerza del gallo y aquel, herido en su orgullo machista lo único que se le ocurre es salvar su honor asesinándolo. Yo tengo suficiente y me largo.


Luis Daconte, Petrona y la señora Lucila, pasan las tardes tomando "tintico” y jugando “arrancón”


Gloria de la Hoz tienta a la suerte todos los días

Misa de 6

Otra de las cosas que los lugareños de este ardiente pueblo adoran, es ir a misa, temerosos de Dios, asisten en masa a la iglesia donde unos jóvenes y simpáticos curas amenizan las liturgias con cánticos especiales para no aburrir, uno de ellos, el padre Jhon, utiliza la gestualización exagerada como arma para que el creyente entre en trance.
No en vano las misas duran casi 2 horas y hace falta mucho ímpetu para soportar el calor en la casa del Señor. Una de las misas es para jóvenes y en ésta hay cánticos como el “Chucuchu” que es la canción de un trencito imaginario donde van todos con Jesús, el redentor. Pero la mejor de todas es una canción con coreografía, donde todos cantan “alabemos al señor bailando, arriba! Mano derecha arriba!, mano izquierda arriba!, pie derecho arriba!, pie izquierdo arriba!, cabeza p´arriba cabeza p´abajo, media vuelta entera y ahora sentado!” Todos disfrutan y la liturgia aburrida se hace placentera con estos “efectos especiales” haciendo que el catolicismo entre de manera directa en el corazón asustadizo de los muchachos y muchachas de Aracataca.


Fábrica de hielo


Tiempo paralizado


Un poco de gasolina

El regreso

Contaba las horas que faltaban hasta el domingo, día de mi regreso, cubierto sólo con una toalla enrrollada a la cintura, mi mente comenzó a volar y es que vivir esa coincidencia de imágenes, hechos, colores y costumbres, entre la Macondo del Gabo y Aracataca, es en ocasiones, casi exacta: un pueblo que queda en el fin del mundo, donde parece haberse detenido el tiempo en el espacio de la simplicidad y la ignorancia.
A Aracataca le llegó su segunda oportunidad, de vivir otros 100 años de soledad o de vida pura. Me voy del pueblo sabiendo que no es Macondo, pero con la certeza de que en los vapores del calor se forma la magia realista.

Artículo publicado en Todo en Domingo del Nacional y revista Complot( Venezuela)
Revista Yo Dona ( España) 2007

jueves, 25 de octubre de 2012

Getty Global Assigment Photographer

Very happy to announce that from today i am part of the Getty Global Assigments team. Feliz de anunciar que desde hoy formo parte del equipo de Getty Global Assigments. Link: http://globalassignment.gettyimages.com/luis-cobelo/default.aspx?gid=ga2012

martes, 26 de junio de 2012

El Cuervo

"Recuerdo haber visto pasar un cuervo entre los edificios del barrio de Shibuya en Tokio. Era de noche y volaba iluminado por las millones de luces de las marquesinas de los edificios. Yo iba en coche, seguí su vuelo en cámara lenta en el medio del caos, hasta lo oí graznar. Me pregunté qué hacía un cuervo volando de noche y sobre ese lugar. De repente giró a su derecha y no lo ví más"

martes, 1 de noviembre de 2011

Some old but recent portraits - Algunos viejos pero recientes retratos

Estos fueron los chicos de MTV España por varios años....
( Foto para NEO 2)



Uno que aseguraba ser un Latin King en el barrio de Carabanchel en Madrid....
( Foto para FAKE)



Ella trabajaba para ZARA viajando por el mundo y copiando todo por el mundo para hacerlo para ZARA....(muchos quieren ese trabajo)
Foto para NEO 2



Ella es diseñadora de muebles, tenía su tienda por Malasaña, en Madrid. No sé si seguirá por ahí...
(Foto para NEO 2)



De este chico no recuerdo nada, solo que diseñaba lámparas....
( Foto para NEO 2)



Ella también diseñaba...
(Foto para NEO 2)



Y este es Fele Martínez.....( ¿quién no conoce a Fele Martínez?)
Foto para Neo 2

jueves, 16 de junio de 2011

Bolivia-Perú 2011

Hace un mes que regresé de Perú. Antes pasé por Bolivia y como ya tenía un buen tiempo sin poner nada en el blog pues aquí van unas fotos y unas líneas como para no dejar pues.

La Paz, Bolivia 29 de abril.

Muchos años intentando ir a Bolivia y por fin fui. Todo para llegar en las fechas justas ( 3 y 4 de mayo) a Macha, pueblito en el sur del país donde se celebra la fiesta del Tinku, una salvajada ancestral de la que hablaré en otro post más adelante.
Pero antes de eso estuve unos días en La Paz para conocer y hacer un reportaje de las “cholitas luchadoras”, ya bastante conocidas mediáticamente en el mundo entero, pero yo no iba a dejar de hacer algo con ellas ¡obvio!
Llegué por la noche muy tarde a La Paz haciendo escala en Lima. El túnel de salida del avión fue como una transferencia a un tiempo pasado. Luces tenues, mobiliario viejo, y una sensación de abandono, de que las cosas funcionan por inercia, por suerte. Los funcionarios de inmigración están en unas casetas de los años 60 y no hay nada computarizado; no es que me importe pero desconfío de los controles y papeles apilados en torres de Babel. Nada directo y mucha burocracia. El aeropuerto del Alto, a 4.000 metros de altura es mínimo y las correas por donde salen las maletas me hicieron recordar a aeropuertos del interior de Venezuela llenos de polvo y aire viejo. Antes de ir a Bolivia sabía que en todo el viaje no iba a estar por menos de los 3.600 metros de altura. Tuve mis momentos de angustia controlada por aquello de ser fumador, hacer poco ejercicio, en fin, esta vida de aburrimiento físico. Y cuando llegué a La Paz, esperando mi maleta insconcientemente esperaba un colapso, una presión cerebral, algo que me indicara que estaba no apto para esas alturas. Pero no, recogí mi equipaje ( salió de último) y ya me estaba esperando el chofer del hotel en la puerta. Seguía sin sentir nada, bueno si, 6 grados de frío.
Lo primero que veo es un gran anuncio que dice: La Paz, 3.600 metros de placer y cultura. Bueno, que bien. Muchas luces en el camino hacia el hotel. Como estoy acostumbrado a las llegadas nocturnas a Caracas y esa visión de “que lindas las luces” por todos lados, no me ilusiono: ya sé que son los miles de ranchos ( chabolas) que rodean la ciudad. El conductor me empieza a hacer preguntas, de dónde vengo y tal. Decir Venezuela es igual a dar pie a un comentario inmediato “¡ah! Venezuela, ¿qué opina usted de fulanito? ( el presidente CH)" “Pues señor, no opino nada, es el presidente del país donde nací y donde vivo”, mi respuesta no lo corta, y se anima “el que tenemos aquí no tiene opinión propia, repite como un loro lo que dice aquel” trato de dar por finalizado el tema “Pues qué lástima” replico, y de una vez cambio la conversación, me ladilla tener que hablar siempre de cosas que no me conciernen y más cuando se trata de personajes tan aburridos. El tema que más me interesa es el de la altitud, no quiero que me dé una vaina. “Señor ¿ qué es bueno para el mal de altura?” “ Mucho té de coca, todo el tiempo, pero no abuse porque es muy fuerte y le puede dar taquicardia, eso si le digo, lo del mal de altura es sicológico, a veces la gente se predispone a que le pase” Ok, digo para mi, pienso lo mismo. La cabeza es ideal para pensar en guevonadas y la mía especialmente. Adopto la posición mental “deja ya de pensar en lo que no ha pasado”
Son casi las dos de la mañana cuando llego al hotel. Me espera un solícito recepcionista ( que me hace pensar que los bolivianos son todos así pero no, no lo son) que me ofrece el primer té de coca de los cientos que tomaré. Vuelvo con el tema de la altura, “no se preocupe, cualquier cosa estaremos muy pendientes de usted esta noche, trate de dormir bien y mañana no haga esfuerzos, descanse y sobre todo, no fume” OK, vale, hasta mañana.

30 de abril

Después de dormir irregularmente, al día siguiente me dedico a investigar varias cosas por la zona donde estoy. Me llama la atención ver por la ventana más ranchos de los que me había imaginado la noche anterior, ¡son un montón! Circundan la ciudad junto a unas bellísimas montañas gigantescas pobladas de nieve abundante.


Rancho, rancho y rancho


Limpiabotas de La Paz


Cholita iluminada


Corte de pelo por 2 dólares


Cholita suspicaz


Sol de la tarde

Y por fin siento la altura, al caminar solo una calle mis pulmones me piden más aire del que puedo darle, el corazón me late más de lo usual y me asusto un poco, pero paro y descanso, sigo, me mareo, respiro con dificultad. Prefiero volver al hotel, me tomo otro té de coca. Busco algo de comer cerca y me voy a la habitación a quedarme tranquilito. Por la noche voy a ir a ver a las cholitas luchadoras y quiero estar bien.
Ya por la tarde, me encuentro en el centro de la ciudad con el periodista Alberto Medrano, que trabaja para la empresa que organiza las luchas de las cholitas. Nos vamos a un barrio no muy lejano de allí, Villa Victoria, donde en el coliseo del mismo nombre van a llevarse a cabo los combates.

No hay nadie todavía, el lugar es deprimente, como abandonado y dejado de la mano de la suerte latinoamericana. Llegué a las 5 y salí de allí a la 1 de la mañana. La puntualidad no es virtud boliviana en absoluto. En todo ese tiempo tuve mucho espacio para conocer a las cholitas “Juanita la cariñosa”, “Reyna”, “Benita la intocable y “Rosa la cholita”. Hay también luchadores hombres pero la verdad no me interesan mucho esta vez.
“Juanita la Cariñosa” tiene 29 años y dos hijos, una niña de 12 y un niño que apenas dio a luz hace dos semanas. Ante mi perpleja cara de sorpresa por su reciente alumbramiento le pregunto “ ¿y vas a luchar hoy? y me responde “No puedo vivir sin la lucha, es algo que se lleva en la sangre y si no lucho pues no gano dinero ( ganan entre 15 y 30 dólares por combate), fueron muchos meses sin pelear y hoy por fin es mi regreso al ring”. Juanita ( su verdadero nombre es Mery), me muestra a su bebé recien nacido que va envuelto en unas mantas como un gigante paquete y casi no se le ve la carita. Orgullosa me lo muestra y le hace cariñitos. El bebé duerme plácidamente. Afuera en la calle han puesto un altavoz que escupe música de trash-speed-metal que por la mala ecualización más bien parecen rayos y truenos.


Rosa la temerosa


Benita la intocable

“Benita la intocable” ( nombre real Mariela) es otra de las cholitas que lucharán esta noche, hija y nieta de luchadores bolivianos, su destino estaba marcado por este deporte. “Me gusta pegar y sentir la adrenalina que emana de la lucha, en lo personal soy fuerte y como enemiga no me quieras tener, me gusta ser mala”. Después de decirme esto, sale a escena bailando con una música típica boliviana de fondo, el poco público ( que paga 1 dólar por la entrada) asistente en el pequeño gimnasio, que se ha mantenido aterido de frío pero paciente con la impuntualidad del evento, la recibe con abucheos, ella les responde con gestos de odio y los enfrenta, algunos niños le gritan obcenidades, ella continúa hacia el ring. Luego salen “Juanita la Cariñosa” y “Rosa la cholita”, las buenas de la contienda. Acompañará a Benita, la cholita Reyna, de 20 años, otra de las “malas” de la noche que al salir un niño le tira palomitas de maíz a la cara, Reyna se enciende y lo toma por los pelos, le estampa la bolsa en la cabeza desparramando todas el contenido por el suelo. ¿dónde estarán los padres de este niño?





Las cuatro se encuentran en el ring. Se insultan, “chola sucia, te voy a matar, me tienes harta con tus malos modales” le dice Juanita a Benita. Ésta, ni se inmuta y le da una cachetada a traición que le pone la mejilla colorada. El drama y el teatro está servido, las otras entran al ring, se jalan los cabellos, gritan, pegan patadas, hacen volteretas con sus trajes indígenas tradicionales fácilmente. Al final ninguna gana, todo es parte de la trama, para que el público vuelva y desee más la semana siguiente. Y mientras llega ese día, Juanita volverá a amamantar a su bebé y Benita regresará a su trabajo de secretaria en una oficina de abogados de la ciudad. continuará......