Incubando LAT Photo Magazine. Primera revista online de fotografía documental contemporánea exclusivamente con trabajos de fotógrafos latinoaméricanos sobre temas latinoaméricanos. Lanzamiento: primer trimestre del año 13 del siglo 21.
facebook.com/latmagazine
viernes, 25 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
Cien años de soledad no pasan en vano

Un macondo
Hoy, el camino entre Santa Marta y Aracataca es una pequeña carretera por donde pasan enormes camiones repletos de carbón, mineral que sostiene ahora la economía de esta tierra, y que van a descargar en un muelle en la costa. Se intercambian el asfalto y la tierra.
La piel se impregna de un polvo que no admite sacudidas. Los conductores no respetan las normas, la intuición guía cuando se trata de adelantar una curva sin visibilidad y a toda velocidad.
De a ratos aparecen, dispersas, las amarillas, fuertes y rugosas hojas del Macondo, árbol que inunda la vía y escasea una vez se llega al pueblo. Sin embargo, no es de ahí de donde viene el nombre del pueblo más famoso y ficticio de latinoamérica.
Es cuando Gabriel García Márquez acompaña a su madre en un viaje interminable por tren a vender la casa materna, por la ventana, el joven escritor ve el nombre de una finca llamada Macondo. Sin saberlo aún, habría de empezar la aventura el “quijote” latinoamericano.

La línea interminable del tren
Hacia 1910 la United Fruit and Company levantó un campamento de gringos,trabajadores incansables con intermitentes esposas. Época de derroche. La explotación del banano atrajo a muchedumbres. Las mujeres bailaban desnudas para los magnates que encendían sus cigarros con billetes de alta denominación. Manadas de aventureros y prostitutas aparcaron porciones de esperanza donde otros ataron sus mulas. Aracataca, fue entonces paraje cosmopolita, receptor diario de nuevas caras, con sus billetes combustibles. El pueblo se ubicó en el mapa del mundo. Los suspiros de los ancianos son la única huella de ese momento.

Plantaciones de banano

Juegos en la noche 1
La percepción del tiempo se vuelve difusa. Se mantienen, llenos de lo que parece un halo de "paralización del tiempo",billares estruendosos, bares, y tarantines de comidas variadas, desde el marisco hasta la carne muy llena de grasa. Sobrevivieron a las balas de los paramilitares del último lustro, los días de un muerto al día. Fueron 10 años. El vallenato se escucha cuando los sentidos se despejan. Rap, merengue y salsa se identifican sólo después que una cerveza helada hace su trabajo. Los hombres mueven los labios, parecen conversar. El sopor pone en duda todo lo que la vista consigue.

La habitación de una puta triste

El cine

Tiempos pasados
“Aracataca es un pueblo mágico, el que se baña en el río se queda, sus aguas son frescas y tienen la magia de la paz y la tranquilidad, de no hacer casi nada” se escucha. Cuesta contradecir con fuerza la propuesta del "cataquero": “quédese mijo”. El baño en el río fue sustituido por una ducha, procurada con el mejor intento de una sucesión veloz de “totumas” llenas de agua templada, al menos cinco veces al día de los cinco invertidos en la tierra natal del Nobel de la Literatura, Gabriel García Márquez.

El Peluquero de Macondo

Río con piedras como huevos gigantes prehistóricos

El calor de las 2
La buena hora
Mi llegada a Aracataca coincide un tanto con aquel pasaje de madre e hija atravesando las calles desiertas y ardientes de Macondo en el sopor de la hora de la siesta de un martes caminando hacia el cementerio del pueblo.
Llego a un miércoles a poco mas de la mitad del día, la gente está encerrada, el sol es un castigo en las partes de mi cuerpo expuestas a él. El ladrido de unos perros raquíticos rompe el sopor de la hora de la siesta. Ladran de puro aburrimiento.
Los "cataqueros", permanecen enclaustrados. El sol determina la dinámica de cuanto ocurre aquí. La humedad es asfixiante y el calor no me deja pensar: marcará todos mis movimientos el resto de mis días. Todo huele y se mueve por el calor, pegajoso, ardiente, aceitoso, ajusticiante.

Cementerio 1

Cementerio 2
"En aquel Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar...”
Un chaparrón de gotas gruesas convierte en charco las polvorientas calles de Aracataca. Un espejismo de frescura, el calor sigue sofocante. El vapor y los mosquitos duplican su intensidad ¿o la triplican? La piel inicia una nueva jornada de calvario. El sonido del tren cada media hora distrae. Mueve la tierra lo suficiente para sacar fuerzas y correr hasta lograr verlo de frente. Kilómetros de estructura de hierro pasan a una velocidad distinta a la que tiene el pueblo.
Un túnel del tiempo, es el pensamiento natural, hasta los clichés se automatizan.
El tren no lleva gente, sólo carga. La única presencia humana son los vigilantes de la estación. Las taquillas y los bancos de cemento de la sala de espera están vacios.

La estación del tren
Una empanaditas criollas de yuca con queso en el mercado lleno de moscas fastidiosas hacen aparecer a Nora, cocinera experta de “mondongos”. Mientras desayuno, llega un chico medio amanerado con aretes en las orejas. Nora lo escruta y hace un gesto de desaprobación cariñoso “Antes las mujeres querían vestirse como hombres y ahora los hombres quieren parecerse a las mujeres, el mundo al revés da vueltas demasiado rápido” Cualquier cosa es tema de conversación en este pueblo. Y el agua. “¿Cuando en nuestros tiempos se iba a pensar que el agua iba a comprarse?” El agua no es potable en Aracataca pero están acostumbrados a beberla del grifo, haciéndose inmunes a cualquier enfermedad.

El tren amarillo
Pasarla bien
La plaza del pueblo es el lugar preferido por los "cataqueros" para “pasarlo bien": significa tomarse unas cervezas, y pasear por toda la plaza para ver “quién está por ahí”. Hablar y dejarse ver, esa es la diversión.

Juegos en la noche 2

Juegos en la noche 3
Los sábados por la noche , además de pasear y "farandulear" hay noche de gallos. Los dueños y dueñas de los animales, llenos de vida y color llegan poco a poco y meten a las aves en jaulas. Cacarean nerviosos y están pulcramente afeitados y sus plumas aceitadas. Los pesan repetidas veces pareciendo no estar seguros de estar en la regularidad de los pesos requeridos para las peleas.
Después de varios minutos llega la primera pelea, los trabajadores de la gallera colocan espuelas afiladas de acero en las patas de los gallos con cera caliente. Los ejemplares son presentados y el griterío, entre los que se cuelan alaridos femeninos, comienza. No entiendo nada, solo veo a dos pequeñísimos animales que se odian a muerte y que se picotean y se espuelean violentamente, pasan 2 minutos y uno de los gallos cae emanando sangre por el pico, ya tenemos ganador.

Pelea de gallos
La segunda pelea se viene más deprisa y el mismo dueño del gallo anterior envalentonado porque ya ha ganado una, pone a otro a pelear. Lo mismo, gente gritando sus apuestas (que van desde los 20 euros a los 2.000 euros)
Empieza la sangría, uno de los gallos tiene sometido al otro, y éste se escapa y salta entre el público, lo vuelven a meter al ruedo y sigue huyendo. El dueño del gallo huidizo se levanta, lo agarra y con una furia tremenda golpea su pequeña cabeza contra el suelo matándolo en el acto. La hombría del dueño se mide con la fuerza del gallo y aquel, herido en su orgullo machista lo único que se le ocurre es salvar su honor asesinándolo. Yo tengo suficiente y me largo.

Luis Daconte, Petrona y la señora Lucila, pasan las tardes tomando "tintico” y jugando “arrancón”

Gloria de la Hoz tienta a la suerte todos los días
Misa de 6
Otra de las cosas que los lugareños de este ardiente pueblo adoran, es ir a misa, temerosos de Dios, asisten en masa a la iglesia donde unos jóvenes y simpáticos curas amenizan las liturgias con cánticos especiales para no aburrir, uno de ellos, el padre Jhon, utiliza la gestualización exagerada como arma para que el creyente entre en trance.
No en vano las misas duran casi 2 horas y hace falta mucho ímpetu para soportar el calor en la casa del Señor. Una de las misas es para jóvenes y en ésta hay cánticos como el “Chucuchu” que es la canción de un trencito imaginario donde van todos con Jesús, el redentor. Pero la mejor de todas es una canción con coreografía, donde todos cantan “alabemos al señor bailando, arriba! Mano derecha arriba!, mano izquierda arriba!, pie derecho arriba!, pie izquierdo arriba!, cabeza p´arriba cabeza p´abajo, media vuelta entera y ahora sentado!” Todos disfrutan y la liturgia aburrida se hace placentera con estos “efectos especiales” haciendo que el catolicismo entre de manera directa en el corazón asustadizo de los muchachos y muchachas de Aracataca.

Fábrica de hielo

Tiempo paralizado

Un poco de gasolina
El regreso
Contaba las horas que faltaban hasta el domingo, día de mi regreso, cubierto sólo con una toalla enrrollada a la cintura, mi mente comenzó a volar y es que vivir esa coincidencia de imágenes, hechos, colores y costumbres, entre la Macondo del Gabo y Aracataca, es en ocasiones, casi exacta: un pueblo que queda en el fin del mundo, donde parece haberse detenido el tiempo en el espacio de la simplicidad y la ignorancia.
A Aracataca le llegó su segunda oportunidad, de vivir otros 100 años de soledad o de vida pura. Me voy del pueblo sabiendo que no es Macondo, pero con la certeza de que en los vapores del calor se forma la magia realista.
Artículo publicado en Todo en Domingo del Nacional y revista Complot( Venezuela)
Revista Yo Dona ( España) 2007
Etiquetas:
aracataca,
cien años de soledad,
colombia,
macondo
jueves, 25 de octubre de 2012
Getty Global Assigment Photographer
martes, 26 de junio de 2012
El Cuervo
"Recuerdo haber visto pasar un cuervo entre los edificios del barrio de Shibuya en Tokio. Era de noche y volaba iluminado por las millones de luces de las marquesinas de los edificios. Yo iba en coche, seguí su vuelo en cámara lenta en el medio del caos, hasta lo oí graznar. Me pregunté qué hacía un cuervo volando de noche y sobre ese lugar. De repente giró a su derecha y no lo ví más"
martes, 1 de noviembre de 2011
Some old but recent portraits - Algunos viejos pero recientes retratos
Estos fueron los chicos de MTV España por varios años....
( Foto para NEO 2)

Uno que aseguraba ser un Latin King en el barrio de Carabanchel en Madrid....
( Foto para FAKE)

Ella trabajaba para ZARA viajando por el mundo y copiando todo por el mundo para hacerlo para ZARA....(muchos quieren ese trabajo)
Foto para NEO 2

Ella es diseñadora de muebles, tenía su tienda por Malasaña, en Madrid. No sé si seguirá por ahí...
(Foto para NEO 2)

De este chico no recuerdo nada, solo que diseñaba lámparas....
( Foto para NEO 2)

Ella también diseñaba...
(Foto para NEO 2)

Y este es Fele Martínez.....( ¿quién no conoce a Fele Martínez?)
Foto para Neo 2
( Foto para NEO 2)

Uno que aseguraba ser un Latin King en el barrio de Carabanchel en Madrid....
( Foto para FAKE)

Ella trabajaba para ZARA viajando por el mundo y copiando todo por el mundo para hacerlo para ZARA....(muchos quieren ese trabajo)
Foto para NEO 2

Ella es diseñadora de muebles, tenía su tienda por Malasaña, en Madrid. No sé si seguirá por ahí...
(Foto para NEO 2)

De este chico no recuerdo nada, solo que diseñaba lámparas....
( Foto para NEO 2)

Ella también diseñaba...
(Foto para NEO 2)

Y este es Fele Martínez.....( ¿quién no conoce a Fele Martínez?)
Foto para Neo 2
jueves, 16 de junio de 2011
Bolivia-Perú 2011
Hace un mes que regresé de Perú. Antes pasé por Bolivia y como ya tenía un buen tiempo sin poner nada en el blog pues aquí van unas fotos y unas líneas como para no dejar pues.
La Paz, Bolivia 29 de abril.
Muchos años intentando ir a Bolivia y por fin fui. Todo para llegar en las fechas justas ( 3 y 4 de mayo) a Macha, pueblito en el sur del país donde se celebra la fiesta del Tinku, una salvajada ancestral de la que hablaré en otro post más adelante.
Pero antes de eso estuve unos días en La Paz para conocer y hacer un reportaje de las “cholitas luchadoras”, ya bastante conocidas mediáticamente en el mundo entero, pero yo no iba a dejar de hacer algo con ellas ¡obvio!
Llegué por la noche muy tarde a La Paz haciendo escala en Lima. El túnel de salida del avión fue como una transferencia a un tiempo pasado. Luces tenues, mobiliario viejo, y una sensación de abandono, de que las cosas funcionan por inercia, por suerte. Los funcionarios de inmigración están en unas casetas de los años 60 y no hay nada computarizado; no es que me importe pero desconfío de los controles y papeles apilados en torres de Babel. Nada directo y mucha burocracia. El aeropuerto del Alto, a 4.000 metros de altura es mínimo y las correas por donde salen las maletas me hicieron recordar a aeropuertos del interior de Venezuela llenos de polvo y aire viejo. Antes de ir a Bolivia sabía que en todo el viaje no iba a estar por menos de los 3.600 metros de altura. Tuve mis momentos de angustia controlada por aquello de ser fumador, hacer poco ejercicio, en fin, esta vida de aburrimiento físico. Y cuando llegué a La Paz, esperando mi maleta insconcientemente esperaba un colapso, una presión cerebral, algo que me indicara que estaba no apto para esas alturas. Pero no, recogí mi equipaje ( salió de último) y ya me estaba esperando el chofer del hotel en la puerta. Seguía sin sentir nada, bueno si, 6 grados de frío.
Lo primero que veo es un gran anuncio que dice: La Paz, 3.600 metros de placer y cultura. Bueno, que bien. Muchas luces en el camino hacia el hotel. Como estoy acostumbrado a las llegadas nocturnas a Caracas y esa visión de “que lindas las luces” por todos lados, no me ilusiono: ya sé que son los miles de ranchos ( chabolas) que rodean la ciudad. El conductor me empieza a hacer preguntas, de dónde vengo y tal. Decir Venezuela es igual a dar pie a un comentario inmediato “¡ah! Venezuela, ¿qué opina usted de fulanito? ( el presidente CH)" “Pues señor, no opino nada, es el presidente del país donde nací y donde vivo”, mi respuesta no lo corta, y se anima “el que tenemos aquí no tiene opinión propia, repite como un loro lo que dice aquel” trato de dar por finalizado el tema “Pues qué lástima” replico, y de una vez cambio la conversación, me ladilla tener que hablar siempre de cosas que no me conciernen y más cuando se trata de personajes tan aburridos. El tema que más me interesa es el de la altitud, no quiero que me dé una vaina. “Señor ¿ qué es bueno para el mal de altura?” “ Mucho té de coca, todo el tiempo, pero no abuse porque es muy fuerte y le puede dar taquicardia, eso si le digo, lo del mal de altura es sicológico, a veces la gente se predispone a que le pase” Ok, digo para mi, pienso lo mismo. La cabeza es ideal para pensar en guevonadas y la mía especialmente. Adopto la posición mental “deja ya de pensar en lo que no ha pasado”
Son casi las dos de la mañana cuando llego al hotel. Me espera un solícito recepcionista ( que me hace pensar que los bolivianos son todos así pero no, no lo son) que me ofrece el primer té de coca de los cientos que tomaré. Vuelvo con el tema de la altura, “no se preocupe, cualquier cosa estaremos muy pendientes de usted esta noche, trate de dormir bien y mañana no haga esfuerzos, descanse y sobre todo, no fume” OK, vale, hasta mañana.
30 de abril
Después de dormir irregularmente, al día siguiente me dedico a investigar varias cosas por la zona donde estoy. Me llama la atención ver por la ventana más ranchos de los que me había imaginado la noche anterior, ¡son un montón! Circundan la ciudad junto a unas bellísimas montañas gigantescas pobladas de nieve abundante.

Rancho, rancho y rancho

Limpiabotas de La Paz

Cholita iluminada

Corte de pelo por 2 dólares

Cholita suspicaz

Sol de la tarde
Y por fin siento la altura, al caminar solo una calle mis pulmones me piden más aire del que puedo darle, el corazón me late más de lo usual y me asusto un poco, pero paro y descanso, sigo, me mareo, respiro con dificultad. Prefiero volver al hotel, me tomo otro té de coca. Busco algo de comer cerca y me voy a la habitación a quedarme tranquilito. Por la noche voy a ir a ver a las cholitas luchadoras y quiero estar bien.
Ya por la tarde, me encuentro en el centro de la ciudad con el periodista Alberto Medrano, que trabaja para la empresa que organiza las luchas de las cholitas. Nos vamos a un barrio no muy lejano de allí, Villa Victoria, donde en el coliseo del mismo nombre van a llevarse a cabo los combates.
No hay nadie todavía, el lugar es deprimente, como abandonado y dejado de la mano de la suerte latinoamericana. Llegué a las 5 y salí de allí a la 1 de la mañana. La puntualidad no es virtud boliviana en absoluto. En todo ese tiempo tuve mucho espacio para conocer a las cholitas “Juanita la cariñosa”, “Reyna”, “Benita la intocable y “Rosa la cholita”. Hay también luchadores hombres pero la verdad no me interesan mucho esta vez.
“Juanita la Cariñosa” tiene 29 años y dos hijos, una niña de 12 y un niño que apenas dio a luz hace dos semanas. Ante mi perpleja cara de sorpresa por su reciente alumbramiento le pregunto “ ¿y vas a luchar hoy? y me responde “No puedo vivir sin la lucha, es algo que se lleva en la sangre y si no lucho pues no gano dinero ( ganan entre 15 y 30 dólares por combate), fueron muchos meses sin pelear y hoy por fin es mi regreso al ring”. Juanita ( su verdadero nombre es Mery), me muestra a su bebé recien nacido que va envuelto en unas mantas como un gigante paquete y casi no se le ve la carita. Orgullosa me lo muestra y le hace cariñitos. El bebé duerme plácidamente. Afuera en la calle han puesto un altavoz que escupe música de trash-speed-metal que por la mala ecualización más bien parecen rayos y truenos.

Rosa la temerosa

Benita la intocable
“Benita la intocable” ( nombre real Mariela) es otra de las cholitas que lucharán esta noche, hija y nieta de luchadores bolivianos, su destino estaba marcado por este deporte. “Me gusta pegar y sentir la adrenalina que emana de la lucha, en lo personal soy fuerte y como enemiga no me quieras tener, me gusta ser mala”. Después de decirme esto, sale a escena bailando con una música típica boliviana de fondo, el poco público ( que paga 1 dólar por la entrada) asistente en el pequeño gimnasio, que se ha mantenido aterido de frío pero paciente con la impuntualidad del evento, la recibe con abucheos, ella les responde con gestos de odio y los enfrenta, algunos niños le gritan obcenidades, ella continúa hacia el ring. Luego salen “Juanita la Cariñosa” y “Rosa la cholita”, las buenas de la contienda. Acompañará a Benita, la cholita Reyna, de 20 años, otra de las “malas” de la noche que al salir un niño le tira palomitas de maíz a la cara, Reyna se enciende y lo toma por los pelos, le estampa la bolsa en la cabeza desparramando todas el contenido por el suelo. ¿dónde estarán los padres de este niño?


Las cuatro se encuentran en el ring. Se insultan, “chola sucia, te voy a matar, me tienes harta con tus malos modales” le dice Juanita a Benita. Ésta, ni se inmuta y le da una cachetada a traición que le pone la mejilla colorada. El drama y el teatro está servido, las otras entran al ring, se jalan los cabellos, gritan, pegan patadas, hacen volteretas con sus trajes indígenas tradicionales fácilmente. Al final ninguna gana, todo es parte de la trama, para que el público vuelva y desee más la semana siguiente. Y mientras llega ese día, Juanita volverá a amamantar a su bebé y Benita regresará a su trabajo de secretaria en una oficina de abogados de la ciudad. continuará......
La Paz, Bolivia 29 de abril.
Muchos años intentando ir a Bolivia y por fin fui. Todo para llegar en las fechas justas ( 3 y 4 de mayo) a Macha, pueblito en el sur del país donde se celebra la fiesta del Tinku, una salvajada ancestral de la que hablaré en otro post más adelante.
Pero antes de eso estuve unos días en La Paz para conocer y hacer un reportaje de las “cholitas luchadoras”, ya bastante conocidas mediáticamente en el mundo entero, pero yo no iba a dejar de hacer algo con ellas ¡obvio!
Llegué por la noche muy tarde a La Paz haciendo escala en Lima. El túnel de salida del avión fue como una transferencia a un tiempo pasado. Luces tenues, mobiliario viejo, y una sensación de abandono, de que las cosas funcionan por inercia, por suerte. Los funcionarios de inmigración están en unas casetas de los años 60 y no hay nada computarizado; no es que me importe pero desconfío de los controles y papeles apilados en torres de Babel. Nada directo y mucha burocracia. El aeropuerto del Alto, a 4.000 metros de altura es mínimo y las correas por donde salen las maletas me hicieron recordar a aeropuertos del interior de Venezuela llenos de polvo y aire viejo. Antes de ir a Bolivia sabía que en todo el viaje no iba a estar por menos de los 3.600 metros de altura. Tuve mis momentos de angustia controlada por aquello de ser fumador, hacer poco ejercicio, en fin, esta vida de aburrimiento físico. Y cuando llegué a La Paz, esperando mi maleta insconcientemente esperaba un colapso, una presión cerebral, algo que me indicara que estaba no apto para esas alturas. Pero no, recogí mi equipaje ( salió de último) y ya me estaba esperando el chofer del hotel en la puerta. Seguía sin sentir nada, bueno si, 6 grados de frío.
Lo primero que veo es un gran anuncio que dice: La Paz, 3.600 metros de placer y cultura. Bueno, que bien. Muchas luces en el camino hacia el hotel. Como estoy acostumbrado a las llegadas nocturnas a Caracas y esa visión de “que lindas las luces” por todos lados, no me ilusiono: ya sé que son los miles de ranchos ( chabolas) que rodean la ciudad. El conductor me empieza a hacer preguntas, de dónde vengo y tal. Decir Venezuela es igual a dar pie a un comentario inmediato “¡ah! Venezuela, ¿qué opina usted de fulanito? ( el presidente CH)" “Pues señor, no opino nada, es el presidente del país donde nací y donde vivo”, mi respuesta no lo corta, y se anima “el que tenemos aquí no tiene opinión propia, repite como un loro lo que dice aquel” trato de dar por finalizado el tema “Pues qué lástima” replico, y de una vez cambio la conversación, me ladilla tener que hablar siempre de cosas que no me conciernen y más cuando se trata de personajes tan aburridos. El tema que más me interesa es el de la altitud, no quiero que me dé una vaina. “Señor ¿ qué es bueno para el mal de altura?” “ Mucho té de coca, todo el tiempo, pero no abuse porque es muy fuerte y le puede dar taquicardia, eso si le digo, lo del mal de altura es sicológico, a veces la gente se predispone a que le pase” Ok, digo para mi, pienso lo mismo. La cabeza es ideal para pensar en guevonadas y la mía especialmente. Adopto la posición mental “deja ya de pensar en lo que no ha pasado”
Son casi las dos de la mañana cuando llego al hotel. Me espera un solícito recepcionista ( que me hace pensar que los bolivianos son todos así pero no, no lo son) que me ofrece el primer té de coca de los cientos que tomaré. Vuelvo con el tema de la altura, “no se preocupe, cualquier cosa estaremos muy pendientes de usted esta noche, trate de dormir bien y mañana no haga esfuerzos, descanse y sobre todo, no fume” OK, vale, hasta mañana.
30 de abril
Después de dormir irregularmente, al día siguiente me dedico a investigar varias cosas por la zona donde estoy. Me llama la atención ver por la ventana más ranchos de los que me había imaginado la noche anterior, ¡son un montón! Circundan la ciudad junto a unas bellísimas montañas gigantescas pobladas de nieve abundante.

Rancho, rancho y rancho

Limpiabotas de La Paz

Cholita iluminada

Corte de pelo por 2 dólares

Cholita suspicaz

Sol de la tarde
Y por fin siento la altura, al caminar solo una calle mis pulmones me piden más aire del que puedo darle, el corazón me late más de lo usual y me asusto un poco, pero paro y descanso, sigo, me mareo, respiro con dificultad. Prefiero volver al hotel, me tomo otro té de coca. Busco algo de comer cerca y me voy a la habitación a quedarme tranquilito. Por la noche voy a ir a ver a las cholitas luchadoras y quiero estar bien.
Ya por la tarde, me encuentro en el centro de la ciudad con el periodista Alberto Medrano, que trabaja para la empresa que organiza las luchas de las cholitas. Nos vamos a un barrio no muy lejano de allí, Villa Victoria, donde en el coliseo del mismo nombre van a llevarse a cabo los combates.
No hay nadie todavía, el lugar es deprimente, como abandonado y dejado de la mano de la suerte latinoamericana. Llegué a las 5 y salí de allí a la 1 de la mañana. La puntualidad no es virtud boliviana en absoluto. En todo ese tiempo tuve mucho espacio para conocer a las cholitas “Juanita la cariñosa”, “Reyna”, “Benita la intocable y “Rosa la cholita”. Hay también luchadores hombres pero la verdad no me interesan mucho esta vez.
“Juanita la Cariñosa” tiene 29 años y dos hijos, una niña de 12 y un niño que apenas dio a luz hace dos semanas. Ante mi perpleja cara de sorpresa por su reciente alumbramiento le pregunto “ ¿y vas a luchar hoy? y me responde “No puedo vivir sin la lucha, es algo que se lleva en la sangre y si no lucho pues no gano dinero ( ganan entre 15 y 30 dólares por combate), fueron muchos meses sin pelear y hoy por fin es mi regreso al ring”. Juanita ( su verdadero nombre es Mery), me muestra a su bebé recien nacido que va envuelto en unas mantas como un gigante paquete y casi no se le ve la carita. Orgullosa me lo muestra y le hace cariñitos. El bebé duerme plácidamente. Afuera en la calle han puesto un altavoz que escupe música de trash-speed-metal que por la mala ecualización más bien parecen rayos y truenos.

Rosa la temerosa

Benita la intocable
“Benita la intocable” ( nombre real Mariela) es otra de las cholitas que lucharán esta noche, hija y nieta de luchadores bolivianos, su destino estaba marcado por este deporte. “Me gusta pegar y sentir la adrenalina que emana de la lucha, en lo personal soy fuerte y como enemiga no me quieras tener, me gusta ser mala”. Después de decirme esto, sale a escena bailando con una música típica boliviana de fondo, el poco público ( que paga 1 dólar por la entrada) asistente en el pequeño gimnasio, que se ha mantenido aterido de frío pero paciente con la impuntualidad del evento, la recibe con abucheos, ella les responde con gestos de odio y los enfrenta, algunos niños le gritan obcenidades, ella continúa hacia el ring. Luego salen “Juanita la Cariñosa” y “Rosa la cholita”, las buenas de la contienda. Acompañará a Benita, la cholita Reyna, de 20 años, otra de las “malas” de la noche que al salir un niño le tira palomitas de maíz a la cara, Reyna se enciende y lo toma por los pelos, le estampa la bolsa en la cabeza desparramando todas el contenido por el suelo. ¿dónde estarán los padres de este niño?


Las cuatro se encuentran en el ring. Se insultan, “chola sucia, te voy a matar, me tienes harta con tus malos modales” le dice Juanita a Benita. Ésta, ni se inmuta y le da una cachetada a traición que le pone la mejilla colorada. El drama y el teatro está servido, las otras entran al ring, se jalan los cabellos, gritan, pegan patadas, hacen volteretas con sus trajes indígenas tradicionales fácilmente. Al final ninguna gana, todo es parte de la trama, para que el público vuelva y desee más la semana siguiente. Y mientras llega ese día, Juanita volverá a amamantar a su bebé y Benita regresará a su trabajo de secretaria en una oficina de abogados de la ciudad. continuará......
sábado, 11 de junio de 2011
I Was There ( el inicio)
Quito-Madrid-La Coruña
A finales del año 2001 una serie de eventos afotunados y desafortunados me llevaron Nueva York, un mes después de la caída de las torres gemelas. Allí hice el primer reportaje de una serie que se repitió en un par de ocasiones más, siempre enfocado en la huella que todavía está humeante de alguien o de algo, incluso de sensaciones. Fue en ese momento donde empezaba a ser un fotógrafo freelance, sin quererlo, sin planificarlo, y donde también nacía I Was There.
En el año 2002, siempre por razones laborales que eran muy personales, empecé a viajar bastante. Lo que siempre había soñado se hacía realidad. La cámara, mi apreciada Hasselblad, estuvo ( y está) conmigo dándome la posibilidad de hacer las fotos que me gustan, las únicas con las que me defino, no como fotógrafo, sino como persona, ¿cómo es esa definición? Ahora mismo no tengo ni idea.
En las muchas horas de soledad de esos viajes se germinó una forma de observar a través del lente de 80mm de la Hassel. Una sensación que ha ido madurando maravillosamente a lo largo de estos casi 10 años. Una pensamiento obvio y sencillo: estuve allí. Para contarlo, para vivirlo. Cada foto representa una sensación diferente, el recuerdo de un sentimiento ( feliz y triste), de un olor, de una canción, del ocio, del cansancio, del insomnio, de horas y horas conmigo mismo. Cada foto me lleva de inmediato a eso que viví. No es una filosofía de vida, es un estado de ánimo, soy yo.
En el 2004 hice en el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber de Caracas ( así aún se llamaba en esa época) la que hasta ahora es mi última exposición individual, comisariada por José Antonio Navarrete. Y hoy, todas mis fotografías son I Was There.
El nombre surgió cuando debí ponerle una etiqueta a cada foto que hacía, I Was There 1, 2, 3, 4, 5……y se quedó así.
Acompañan estos textos las primeras fotos de esa serie. Ahora hay decenas de etapas.
Este es el texto que escribió José Antonio Navarrete para la exposición.
Más allá de la letra
En su título, I Was There, se postula como una suerte de itinerario personal de viaje. Aunque refuerza esta proposición la inclusión en las leyendas de las obras de los lugares donde las imágenes fueron hechas, el disminuido potencial de referencia de los signos incluidos en la mayoría de ellas y las soluciones organizativas a modo de dípticos y trípticos adoptadas por el autor, establecen límites considerables a la operatividad de este postulado.
Caracas-Cuenca ( Ecuador)
Puede que en las tensiones manifiestas entre ambos órdenes discursivos: el verbal-de carácter designativo fuerte-y el visual-de alusión débil-se localice para el espectador una zona fértil de significados en la lectura del presente trabajo de Luis Cobelo.
Cuando aquí se habla de debilidad referencial en estas imágenes se toma en cuenta, entre otras cosas, la visión poco explícita o escasamente argumental del objeto que ellas registran. Una lista de adjetivos-ante la cual el pudor debería rendirsepor su sobreuso en la cítica artística contemporánea-podría añadirse para determinar con mayor exactitud los rasgos específicos de esta visión: fragmentaria, indeterminada, fugaz, desvanecedora, independientemente del variable peso de uno u otro que es posible hallar en las distintas fotografías.
Granada-Bilbao
En ellas no son importantes las huellas identificables de Madrid, Londres o Quito. La precisión geográfica que anuncian tiene lugar sólo en el ámbito del discurso escrito, pues son portadoras de signos fácil y mutuamente intercambiables. Esto no impide abordar el trabajo de Cobelo como un hecho autobiográfico; pero podría ser mejor explorar su condición de ensayo articulador de una percepción del mundo que el espectador contemporáneo también puede reconocer como suya.
Orense-Autopista A-6
La unión de las imágenes en dípticos y trípticos, que obligan a establecer relaciones entre las incluidas en cada obra, enfatiza no sólo la carencia de marcas singulares en los escenarios fotografiados, sino también la última orientación de lectura arriba enunciada. Si el arte de comienzos de este siglo parece distanciarse de la obsesión por la autobiografía dramatizada que caracterizó a una amplia parcela de la práctica artística durente el decurso de las dos pasadas décadas, I Was There-aunque contaminada por ésta-disuelve sus contenidos duros, apostando por una vivencia individual extensivamente compartida.
Este es el texto que se hizo para la revista venezolana de fotografía Extra Cámara el cual publicó el portafolio de I Was There, la primera etapa.
I Was There, de Luis Cobelo, por Thelma Carvallo
Como una bitácora de los nuevos tiempos, el trabajo de Cobelo incide en narrativas extraídas de lo cotidiano. Aquellos espacios residuales, escindidos entre la globalización y el materialismo, son los puntos de focalización del artista. Estas escenas que la contemporaneidad ha atrapado a través de otros creadores, cuya herramienta de trabajo es la cámara fotográfica, nos conducen hacia el término nomadismo, término vinculado a las experiencias trashumantes no sólo del modo operativo de los artistas, sino de una manera de pensar y de afrontar el caos inmediato en nuestra época.
Barcelona-Santiago de Compostela
Los registros de Cobelo, en su serie I Was There, no demarcan ni limitan la espacialidad, más bien plantean el clima de la itinerancia, para detenerse en los recodos perdidos de las grandes urbes, por un lado, y también en aquellos espacios íntimos del entorno privado.
Pareciera que su intención está orientada a registrar espacios reales como si fueran virtuales, a propiciar una memoria fragmentaria, autobiográfica o no, que desmantela toda imagen prefabricada y referencial de los lugares del mundo circundante y del mundo personal.
Oporto-Madrid
Riviera Maya-Océano Atlántico
Cobelo elabora un diario de viaje que reúne “todos los lugares” y espacios cotidianos que se mimetizan con la ciudad, abriendo el diálogo entre ciudad y hábitat personales, a través de la arquitectura y el diseño, en registros de fuertes contrastes. Encuentro tal vez ciertas coincidencias con la fotografía de Jorge Heredia (Lima, 1958), cuya atención se dirige hacia los espacios urbanos sin referentes y la reelaboración de una lectura reflexiva; sin embargo, Luis Cobelo no pareciera querer atenuar la realidad con poesía, no manifiesta el interés poético de Heredia, sino más bien, deja ver entre sombras y luces la espacialidad del desarraigo, tan vinculada a las crisis económicas mundiales.
Madrid-Océano Atlántico
Sevilla-Londres-Lisboa
Desde sus gestos y personajes de 1998 con la serie Dormidos, Cobelo ha ido desmaterializando el objetivo de sus registros y ya no nos presenta enunciados ni argumentos; mucho menos narrativas; al contrario, pacientemente suscita una reconstrucción de escenarios, la mayoría de los casos ambivalentes, cargados de ironía, que ponen de manifiesto ciertos apuntes del desasosiego y la soledad: “Ya no es el sujeto el que representa al mundo, es el objeto el que refracta al sujeto y sutilmente, a través de los medios, a través de la tecnología, le impone su presencia, su forma aleatoria”1.
Su mirada certera sobre la accidentalidad callejera no pretende condenar ningún suceso contemporáneo, sino que nos remite a aquella memoria colectiva a la que estamos vinculados inevitablemente por la dinámica de la época. Sus imágenes lejos de glorificar los espacios, nos llevan a la reflexión sobre la homogeneización de la visión territorial, producto del acelerado crecimiento económico y demográfico del mundo. Insisto en que la mirada de Cobelo nos presenta “todos los lugares” en uno, como síntoma y consecuencia de la enajenación visual del espectador. Por otro lado, sus registros se vinculan climáticamente con el cine, al producir fragmentos narrativos o “ediciones” de relatos urbanos, cortes que parecieran inquietarnos por su indefinición y pulsación vital.
Buenos Aires-Lisboa
Buenos Aires-Sevilla-Barquisimeto
La construcción de sus imágenes tiene también resonancias de la pintura norteamericana de la pre-guerra, directamente de la obra de Edward Hopper, quien articuló el espacio psicológico y el territorial en la máxima expresión de la desilusión (aún vigente) de un tiempo histórico.
Esta perspectiva se palpa en aquellas situaciones de calles solitarias, registradas en contraste y donde la ausencia del sujeto, la sola imagen de sus huellas, nos traducen los efectos traumáticos y descollantes de las caídas, estéticas, económicas y culturales de nuestra sociedad.
1 Baudrillard, Jean. “La ilusión y la desilusión estéticas”. En: La ilusión y la desilusión estéticas. Caracas: Monte Ávila Editores/Sala Mendoza, 1998, p. 24.
Este texto lo escribí para presentar la serie en el año 2003.
I Was There-Luis Cobelo
En este trabajo pretendo exorcizar aquellas imágenes que durante años me han perseguido y que ahora, sin ninguna preparación previa fluyen invadiendo mi espacio vital de forma positiva, resultando un descubrimiento maravilloso, un renacimiento de fotografías mil veces realizadas por otros; la exploración del entorno del individuo, que en mi caso se convierte en una honesta revisión-influencia de la fotografía de los últimos años.
Biarritz
Es un viaje interior a través de la superficie de la realidad inevitable, un viaje necesario hacia el yo posible. Son ciudades del mundo, Londres, Caracas, Buenos Aires, Sevilla, Madrid, Lisboa, Quito, New York, ..., pero todas pueden ser el mismo sitio, no hay diferencia, no hay nada característico de cada ciudad, simplemente la imagen es lo que marca que por ese sitio alguna vez estuve. Puedo figurar el paso del cuerpo presente muerto o dormido a éste de espacio presente donde el cuerpo del deseo se ha levantado de la cama, como la foto del lecho vacío, la esquinas, las puertas que una luz transparenta......
Granada-Madrid-La Coruña
Lisboa-Oporto-Cancún
No es algo nuevo para la retina del que cree todo inventado, en un mundo plagado de nada original lo único real que resiste es la interior exploración sobre el lenguaje y las bases que afortunadamente otros dejan en nuestros espíritus
Son lugares por donde paso y no dejo mi nombre sino en ese yo de la visión que traducido al título en español tiene las dos vertientes copulativas: Yo era aquí o yo estuve aquí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
