domingo, 18 de noviembre de 2007

Yo conocí a H.


Texto escrito en mayo de 2002 para El XL semanal de España.

Fue en el año 1994 en la ciudad de Barquisimeto, a 350 km de Caracas al occidente del país, en casa de mi queridísima amiga Beatrice Viggiani. Yo trabajaba para aquel entonces como reportero gráfico en uno de los diarios de la ciudad y Beatrice me informó de que se iba a hacer una reunión semi clandestina en su casa por la noche con el recién salido de la cárcel, el comandante H. Ch. el cual estaba viajando por el país sondeando su popularidad acompañado de la periodista y querida amiga Laura Sánchez, que se había convertido en su jefe de prensa informal.
De hecho, Laura fue la creadora absoluta de la leyenda del "comandante" cuando le hizo una entrevista en la cárcel donde estaba preso por comandar el intento de golpe de estado contra CAP en el año 1992. Haciéndose pasar por prostituta burló los controles de la prisión y logró uno de los documentos más interesantes del periodismo venezolano. Lo extraño es que el diario El Nacional, el más importante de Venezuela y que encargó el reportaje-aventura a Laura, lo publicase en lo más profundo del cuerpo de economía. ( Laura moriría poco antes de H. ser presidente, en un accidente de tráfico. Nunca H. la ha mencionado ni le ha dado los créditos que sin duda siempre mereció)
En la posterior e inmediata campaña electoral, el candidato más fuerte, Rafael Caldera, por presión popular prometió liberar a H. si ganaba las elecciones, que venció por paliza. Inmediatamente de tomar el poder, indultó al ex-golpista ( no sé si esto se deja de ser pero prudentememte pongo "ex")

Estoy seguro que nadie se imaginaba que el comandante de la frase lapidaria "por ahora no hemos logrado cumplir con nuestros objetivos" que dijo por televisión cuando se rindió en su intento de golpe del 4 de Febrero del 92, llegase a ser lo que actualmente para demasiados es: un dolor de cabeza y para otros una ilusión y una esperanza.
Fui el único fotógrafo en la reunión. Allí estaban algunos de los intelectuales y artistas más ilustres de la ciudad y algunos otros habían ido exclusivamente desde otras partes del país. Yo particularmente antes de verlo entrar por la puerta sentí un cosquilleo de esos cuando esperas ver a algún famoso del cual eres fan, !era el comandante de la frase "por ahora"! !era la leyenda! no era para menos mi estado de ansiedad. Lo había idealizado de tal forma que para mi era la salvación de todos los males del país y como muchas personas en esa época, veía en él una esperanza jamás vivida.
Llegó acompañado de Laura, y literalmente nos volvimos locos, todos querían una foto con el iluminado. Y como si de un evento social se tratara, cada uno hizo la fila para retratarse con el hombre, incluido un servidor ( los negativos están celosamente guardados y archivados).

Luego nos reunimos en torno a él para escuchar su doctrina, lo que pensaba, lo que todo el mundo esperaba oír: la voz del cambio, la salvación absoluta. Para mi no fue así.

La idealización disminuyó al descubrir que su discurso no me parecía original,  era más de lo mismo: peroratas cargadas de ilusión retórica leída en libros. Declamaba a los aires, clamaba por la igualdad de los pueblos y luego le servían un whisky 18 años. Era el H. que todos odiarían después en sus interminables programas de televisión: no se callaba. No lograba hilvanar ideas concretas, complaciente con todos, no tenía aquella autoridad imponente que tanto había admirado; pensé que yo mismo podía ser él, incluso soy más alto. Era un hombre sensible, totalmente humano y corriente. Como yo y como tú. Había bajado de las nubes al adorado comandante.
Todas las mujeres, y algunos hombres presentes suspiraban y transpiraban como hipnotizados por su magnetismo auténtico. Conocedor de este don, hacía lo posible para enamorar a cada persona.
En un momento de la reunión y para rematar la noche, comenzó a declamar poesía de los llanos venezolanos, tierra donde nació. Esto hizo que definitivamente me sintiera decepcionado ya que la poesía llanera en mi opinión es aburrida ( prefiero las historias del Silbón o los poemas de Neruda) y la forma de hablar o "poetizar" me recordó a cuando era adolescente, que pensabas que no hacías el ridículo frente a una chica pero en realidad sí lo estabas haciendo.
Después de esto se marchó, dejando a los "encantados" con una sensación eufórica. Yo sentí un vacío revelador: Ch. no era mi esperanza, era la de otros. Y de alguna forma fui feliz.
Lo vería en tres ocasiones posteriores. Una haciendo fotos para el periódico donde trabajaba como candidato y dos ya como presidente. No me acerqué nunca con la intención de recordarle aquella reunión, que seguro olvidaba. Me divertí muchísimo la vez que le hice un seguimiento en la campaña del referéndum de 2004. Y en 2006 prometí nunca más hacer un reportaje sobre él y lo que le rodeaba. Me aburrí, me cansé de sus discursos y de su leyenda. Demasiadas palabras, gritos e insultos. Demasiada mediocridad.

Fue un hombre único, simpático y con un encanto admirable. Claro, era eso, un hombre.
Lo demás, bueno, lo demás ya es otra historia.



3 comentarios:

Edelweiss dijo...

Qué cuento tan bueno, Luis Cobelo jajaja

Yo conocí a Laura Sánchez allá mismo donde Beatrice, en mi infancia, recién entrando a bachillerato. Y ella luego, nos mostró una foto de "Ch" preso y una estatua pequeña de él vestido de militar. No tan interesante como tu historia, pero sí en el mismo contexto.

Pero en ese entonces -mis primeros años de adolescencia- yo lo veía como un disfraz. Y la visión no ha cambiado mucho

Grets* dijo...

Me pasaron este link y quedé encantada.

Saludos

ana maria dijo...

Hola eres muy buen fotógrafo.
Me gustan mucho tus retratos
Me identifico contigo por que al igual que tu
Siento una pasión indescriptible por la fotografía.
Saludos!
Suerte en tu próximo viaje