martes, 22 de enero de 2008

El Malecón y Arencibia


Son tantas cosas y tantos sentimientos lindos que he sentido en mis viajes a La Habana que no encuentro manera de ordenarlos de un solo post-carajazo.
Mientras escribía el anterior, el de Jackse, me recordé de cuando conocí a la madre del profesor Arencibia (fallecido el año pasado) y he aquí la historia, que es una, pero mezclada con otras. Óyeme mi hermano, en Cuba, te pueden pasar mil cosas en un solo día. Cuando voy a La Habana, me quedo en casa de mi familia cubana (de la cual hablaré en su momento) que queda muy cerca de la escuela donde el "profe" daba sus clases. Me acerqué allí a regalar carretes fotográficos y papel y algunas cámaras y lentes a los estudiantes que se aceptaron como donación al laboratorio y por supuesto me hice amigo de todos allí especialmente del "profe". Me invitó a hacer la conferencia de la que hablo en el post anterior y todo resultó de maravilla, salvo una que otra miradita de temor de Arencibia por alguna cosa fuera de tono que yo fuera a decir (que a veces soy un bocón) pero mi diplomacia de chico educadito en colegio católico no dejó que dijera verdades donde hay muchas mentiras.
Allí fue donde conocí a Jackse y a otros alumnos. Terminada la charla, el "profe" me dice que por la tarde vaya a su casa, "para que nos tomemos un roncito"
Llego su casa al atardecer, de esos lindos, con nada de calor y una luz especial donde se ve todo precioso, cálido. Donde se respira paz (en La Habana, extrañamente la he respirado en toda su esencia)
Me presenta a su esposa y a su mamá, una señora de 93 años, que está ciega y medio sorda pero más lúcida quelcoño. La señora toma mis manos y me pregunta mi nombre, se le digo(mas bien grito) "ay que nombre tan bello" y mientras me soba las manos añade "sus manos son muy suaves mijo, de seguro usted hace maravillas con ellas"
(que manera más bella de seducir pensé)
Sonrojado le digo que dicen por ahí que tengo manos de mujer, y ella ríe a carcajada batiente y dice "por eso, !no son manos de trabajador!" y sigue riéndose.
La señora asegura que no se pierde ninguna de las alocuciones de los comandantes, si, han leído bien, del venezolano y el cubano (para la fecha aún en pie) a los cuales ama y adora, "a mi viejito y a mi jovencito"
Me estampa un beso cálido en la mejilla que me recordó al olor de mi abuela Pilar y me sentí tan feliz que le dije a Arencibia "que a ver dónde estaba ese ron".
Me lo dio con manzanita (rica mezcla), y hablamos de la vida, de la política, de la poesía y del amor. Yo estaba feliz, a gusto, por el calorcito del ron y por la humildad de esas personas que hablaban de sus vidas como si fueran parte de la mía. Salí allí de noche, no muy tarde, borrachito. Decidí ir caminando hasta mi casa para disfrutar de la brisa fresca. En el camino vi a una chica que también era alumna del "profe" y que había estado en la conferencia. Como primero la vi de espaldas, me costó reconocerla por la vestimenta: llevaba una minifalda tan corta que se le veía todo el culo, redondo y casi perfecto. En una esquina hay unos tipos que la miran con ojos de sádico total. La saludo algo tímido, achispado por el ron y por la visión de su sensualidad desconocida esa misma mañana. Saluda cariñosa y le pregunto a dónde va, no dice nada, parece avergonzada, "¿vas al Malecón?" No lo quiere decir, le digo que no me importa, que ya sé.
Y le ruego que se cuide.

PD: Esta foto es la mejor foto que he tomado jamás en La Habana. Fue en mi primer viaje, en el año 2005. Dedicada al "profe Arencibia2

1 comentario:

Consuelo Di Carlo dijo...

Hermosa foto del malecón Luis... gracias por compartirlas con nosotros. Admiro mucho tu trabajo y verlo es un placer siempre. Saludos.