martes, 24 de junio de 2008

La Gran Muralla






Cuando tenía unos 8 años vi un libro en la biblioteca de mi tío César en Barquisimeto que ilustraba las 7 maravillas del mundo. La que más me fascinó e impresionó fue La Gran Muralla, me preguntaba como es que alguien mandó a construir eso y para qué. Y nunca me imaginé que la vería, y que me la caminaría tanto y que hubiese hecho el inmenso esfuerzo físico y mental de soportar sus empinadas escalinatas y sus cuestas arquitectónicamente imposibles.
Ayer, visitándola me di cuenta de la magnificencia del hombre y de su estupidez para crear las cosas más bellas y las más inservibles. Porque tanta piedra y tanta arena sirvió para poco, solo para separar y coartar y aún así todo era posible. Para lo que sirve es para uno mismo, y poder darse cuenta de cosas, de lo pequeño que eres y de que nuestras preocupaciones son milimétricas al lado de tanta belleza, no solo de la muralla en sí que es una exageración gigantesca de grandiosidad, sino de las montañas que la rodean, verdes y llenas de oxígeno ( el que le faltó a mis pulmones y cerebro en las fuertes subidas)
Dicen aquí en China que un hombre nunca será un hombre completo si no sube a la muralla y que tienes que volver para confirmar y cumplir las peticiones y promesas que haces durante la escalada.
No sé si soy más hombre, pero de que volveré sí estoy seguro.